Opinión

Anclados en los albores del siglo pasado

Parecería que no solo nos produce placer estar a la moda, los autos de lujo, el esplendor de nuestras avenidas y torres de lujos en el Polígono Central, sino también estar a la cola en educación, servicios de salud, institucionalidad, respeto a los derechos y libertades. En fin, el verdadero progreso.

Por Carlos Segura

La avalancha de críticas que ha generado la colocación de la bandera LGBTI en el despacho de la viceministra de la Presidencia, Delia Leticia Jorge Mera (lo que sería un anodino gesto en otro contexto) y los recientes pronunciamientos de la viceministra del MEPyD, Olaya Dotel (también anodinos), vienen a recordarnos que el conservadurismo dominicano, por no decir atraso, no es solo político, sino también en muchos otros temas, respeto a la diferencia, aborto, igualdad de género, derechos del niño, etc.

Es cierto que afirmar su orientación sexual o su identidad de género nunca ha sido neutro, en su búsqueda, millones de personas han sufrido persecuciones durante siglos, y esta injusticia continúa en nuestros días, pese a notables progresos, sobre todo en Europa, y en menor medida en Norteamérica y ciertos países de América Latina, donde mas de medio siglo de lucha por la igualdad de derechos comienzan a dar sus frutos.

En cambio, en República Dominicana, donde se copia todo de todo el mondo (modas, hábitos de consumo, etc.), en ese aspecto continuamos anclados en los albores del siglo pasado.

Arrastrados, manipulados, por los sectores mas conservadores del país, continuamos resistiéndonos a la despenalización del aborto, pese a que su interdicción ni aquí ni en ninguna parte ha persuadido jamás a las mujeres a no recurrir a él cuando la situación lo amerita y a la constatación de que su prohibición pone en peligro la salud física y mental y sus vidas.

La interrupción voluntaria del embarazo, sin justificación previa, es ciertamente una espinosa cuestión, que confronta los derechos de la mujer con el derecho del niño que va a nacer, pero esto no ha impedido que desde hace ya un buen tiempo sea legal en 22 países de la Unión Europa y en otros esté autorizada bajo ciertas condiciones.

Es cierto que, en los Estados Unidos, donde los movimientos conservadores y religiosos parecen ganar la partida, cerca de la mitad de sus habitantes viven todavía en Estados hostiles al aborto, pero aún allí, una decisión de la Corte Suprema, que data de 1973, deja a juicio de la mujer la decisión de abortar hasta el fin del primer trimestre del embarazo.

En Canadá, país mucho más abierto, desde 1969 se reconoce a la mujer el derecho al aborto, si su embarazo pone en peligro su salud, incluyendo su salud mental, es decir, permitido bajo ciertas condiciones. Finalmente, en 1988, la Corte Suprema reconoce que las disposiciones contenidas en el Código Criminal concernientes al aborto chocan con el derecho a la vida y la libertad de la mujer, contenido en la Carta de Derechos y Libertades, quedando así totalmente despenalizado. Si bien los servicios para el acceso al aborto no son homogéneos a todo lo largo del país, al menos en el Québec, donde vivo, además de legal, es gratuito y accesible a todas.

En cuanto a América Latina, la mayoría de los países (culturalmente muy próximos a nosotros) contemplan en sus legislaciones la interrupción del embarazo, bajo ciertas condiciones, solo República Dominicana y un reducido número de pequeños países, El Salvador, Nicaragua, Honduras, Haití, conservan legislaciones que criminalizan el aborto en cualquier circunstancia, incluidos los casos de violación e incesto y de peligro para la salud de la madre o el feto. Una demencial negación de derechos y libertades, justamente en los países de la región que menos tienen que exhibir en términos de desarrollo económico y social.

Parecería que no solo nos produce placer estar a la moda, los autos de lujo, el esplendor de nuestras avenidas y torres de lujos en el Polígono Central, sino también estar a la cola en educación, servicios de salud, institucionalidad, respeto a los derechos y libertades. En fin, el verdadero progreso.

Continuamos también a la zaga en materia de igualdad de género. Es mucho lo que nos falta por hacer en términos de incorporación de la mujer en puesto de dirección y toma de decisiones, tanto en el sector público como privado, así como en acceso a servicios de salud sexual y reproductiva, promoción de sus derechos. Además de los frecuentes feminicidios, es alarmante el número de mujeres que son sistemáticamente víctimas de agresión física y verbal, violaciones y explotación sexual.

Y a más de medio siglo de la Declaración de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas, de la cual somos signatarios, seguimos teniendo cientos de miles de niños, cuyos padres, atrapados en la pobreza, no pueden satisfacerle las necesidades esenciales a su desarrollo. Muchos de ellos, son incluso víctimas de maltratos y abusos sexuales. Pobreza, irresponsabilidad parental y ausencia de protección estatal se mezclan para negarle al niño el derecho a la dignidad, a través de la protección a la integridad física y mental, consagrada en la Declaración de los Derechos del Niño.

Los gestos de las señoras Dotel y Jorge Mera son ciertamente una provocación en nuestro contexto, pero una provocación necesaria para avanzar, para ayudarnos a edificar una sociedad de paz, más justa, inclusiva y respetuosa de derechos y libertades.

Montreal, 16-10-20.

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