Una inquietud

De tinajas, botijas, barrilitos y botellones

Este beneficio injustificado, y no aparejado a ninguna función legislativa, no puede ser redirigido como dice Faride, debe ser eliminado, y me sorprende y desagrada, como ha sorprendido y desagradado a la gran mayoría del pueblo dominicano, que pretenda justificar lo injustificable

Por Jorge Lora Castillo

En el lenguaje popular existen frases célebres que, por ser producto de la experiencia de cientos de años de vivencias, se vuelven formulas impostergables y aplicables como un axioma de certeza científica absoluta.

El que escupe para arriba, le puede caer la saliva en la cara; No digas de esta agua no beberé; El que nace para martillo del cielo le caen los clavos; El que por su gusto es Buey, hasta la coyunta lame, entre otras.

Las dos primeras, por su vigencia en los actuales momentos, se vuelven realmente lapidarias y absolutas, a raíz y como consecuencia de que Faride, y una gran mayoría de Senadores y Diputados del Partido Revolucionario Moderno, salvo honrosas excepciones, se niegan evidentemente a renunciar al beneficio, ilegal, absurdo, anacrónico y privilegiado de los denominados Cofrecito y barrilito.

Comencemos por la naturaleza de la función legislativa. Conforme el Estado moderno ha sido creado, su funcionamiento depende de la operatividad de los tres poderes fundamentales de este, el Ejecutivo, El legislativo, y el Judicial, cada uno debe, en teoría, de servir de contrapeso y control del otro.

La función del legislador, es primordialmente crear leyes, y servir de representantes de sus demarcaciones frente al Poder y a las autoridades. La compensación mensual creada al margen de su función, les otorga un privilegio absurdo e inconstitucional, frente a los demás ciudadanos con los mismos derechos y deberes que el legislador, ya que, a estos, (los legisladores), les entregan cientos de miles de pesos mensuales, a parte de sus salarios, y demás compensaciones, para que estos los utilicen discrecionalmente. Con ellos, supuestamente pagan cajas de muertos, café, cigarrillos en los velorios, ayudan viejitos, compran habichuelas con dulce, canastillas de recién nacidos, y un largo etcétera que solo ellos saben.

Se convierten estas liberalidades, en obvios focos de corrupción, porque, el legislador, diputado o Senador, los utiliza a su discreción sin control alguno, y sin concurso, solo con el objetivo de perpetuarse en su posición y mantener ad aeternum, estos privilegios. Acaban con la competencia, y al mismo tiempo se aprovechan ilegalmente de su posición dominante.

Faride, se desdice, y salen a borbotones justificaciones innecesarias y deslucidas. Simplemente el barrilito no es legal, ni puede justificarse más que en una sociedad de mendicantes y correveidiles, quienes necesitan favores del diputado o senador de turno, para que este, como si fuera un Júpiter tonante, entregue las dádivas como si fueran de su bolsillo, cuando realmente se trata, del dinero que extraen de los impuestos a diario del esquilmado pueblo dominicano.

Este beneficio injustificado, y no aparejado a ninguna función legislativa, no puede ser redirigido como dice Faride, debe ser eliminado, y me sorprende y desagrada, como ha sorprendido y desagradado a la gran mayoría del pueblo dominicano, que pretenda justificar lo injustificable, y más viniendo de una joven que se entendía con otras luces y alcance y que pretenda, sostenida en justificaciones sin sentido y necias, desdecirse.

La redirección del cofrecito y barrilito, debe ser al Presupuesto Nacional, con la eliminación absoluta del mismo a los legisladores, cual que sea su partido o posición.

Que se dediquen a legislar, sino que renuncien, que no se sacrifiquen más por nosotros, mejor todavía, eliminemos el Congreso Nacional, que nos sale muy caro, y realmente no sabemos para qué sirve a fines prácticos.

Creo, como el pueblo dominicano, que como dice el Profesor Enmanuel Esquea Guerrero, que una cosa es en la oposición y otra muy diferente, en el Poder. Las famosas guitarra y violín.

Faride escupió para arriba, y ahora la saliva chorrea por sus mejillas, con ella a todos los demás, que, saben perfectamente, que estas canonjías legislativas no lucen, ni deben aplicarse en un país con tantas necesidades, y que solo sirven para el clientelismo y el mantenimiento del oscurantismo y la ignorancia.

Así no.

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